La prueba se extendió
durante varios días unas semanas atrás y la definición llegó recién
cuando volvió a Neuquén. “Lunes, martes y miércoles entrené con ellas y
ahí me dijeron que vuelva a Neuquén porque yo tenía pasaje y que la
semana que viene me avisaban. Pasaron los días, llamaron a mi papá y le dijeron que sí, que me querían sumar al plantel de reserva”, comentó.
No era la primera vez que
Boca aparecía en su camino. El vínculo con el club se fue construyendo
con el tiempo y la ilusión siempre estuvo latente. Además Juana, es
fanática del cuadro. “Me había ido también a probar a Boca en 2024 y me habían dicho que vuelva como a otras pruebas,
pero por unos problemas personales no pude. Y este año fue la segunda
vez que fui a Boca, nunca fui a otro club a probarme. Siempre quise
jugar ahí desde chiquita, siempre fue la meta llegar ahí”, repasó.
Su
historia con la pelota empezó temprano, casi como un juego más entre
tantas actividades. “Arranqué a jugar a los 7 años, hacía muchos
deportes a la vez, gimnasia, natación y se me dio por probar en el
fútbol. Ahí dejé todos los deportes que hacía y seguí con fútbol”, recordó.
Los primeros pasos fueron en
espacios formativos y mixtos, más tarde en clubes que recién daban sus
primeros pasos con la rama femenina. “Arranqué en el CEF 1, hacía fútbol
mixto. Éramos dos chicas y todos varones, después pasé, como a los 10,
por Pilmatún en Cipolletti, que estaba empezando a formarse en el fútbol femenino. Estuve un año y a los 11 me fui para Pacífico donde estuve hasta el día de hoy”, expresó.
Pacífico fue su casa futbolera y el lugar donde terminó de formarse. La despedida no fue fácil, pero sí cargada de gratitud.
“Todos muy emocionados, yo le escribí a mi técnico y le agradecí
obviamente por todos los años que estuve, que todo es gracias a ellos y
todos muy contentos obviamente”, agradeció.
El
último año no fue sencillo, una lesión importante amenazó con frenar el
recorrido pero la ilusión de jugar en el club de sus amores motivó para
seguir adelante. “En agosto del año pasado me quebré el tobillo y hasta diciembre, estuve recuperándome,
en diciembre me dieron el alta, pero ya había terminado el torneo. No
podía jugar nada, entonces también terminé el año medio mal, como con
cero expectativas de seguir jugando, pero bueno, justo se dio la
posibilidad de ir a Boca a probarme y dije, ‘lo intento, ya está’”,
explicó.
La experiencia en el predio xeneize marcó un antes y un después. “Todas tienen muy buen nivel, estuvo muy bueno todo. Ahí
es todo pasto, todo cortito, no hay una cancha de sintético, te dan la
ropa, te dan comida, es otro mundo directamente, es todo muy profesional”, aseguró.
En lo personal, el salto también estará acompañado por la familia, pilar fundamental. “Voy con mi mamá, a los días va mi papá y voy a vivir con mi hermano mayor que está viviendo ahí. Tengo familia también, así que ahí tengo apoyo de todos lados”, comentó.
Con
la mirada puesta en lo que viene, la neuquina no oculta sus ganas de
comenzar el próximo lunes bajo los colores xeneizes. “Obvio, tengo
muchas ganas de empezar, de entrenar todos los días y cuando empiece el
torneo, que arranca en marzo, poder jugar algunos minutos, algunos partidos”, insistió.
El contacto cotidiano con la
Primera también fue parte de la experiencia. “Sí, entrenaban al mismo
horario, reserva y primera, cuando salíamos del gimnasio estaban
entrando todas las de primera. Todas le tienen mucho respeto, obviamente, además está bueno, porque se conocen, reserva y primera”, detalló.
Y entre nervios y admiración, los primeros cruces fueron tímidos. “Yo estaba medio nerviosa, entonces pasaban pero saludaba con la mano”, dijo entre risas.
Antes de cerrar la etapa, volvió a mirar hacia atrás, al Decano, al cuerpo técnico y a todas sus compañeras. “Yo le agradecería porque realmente me enseñaron a jugar al fútbol, yo a los 10 años no sabía. Formaron un muy lindo fútbol femenino, es lo que más creció en el Pacífico, entonces, agradecerles obviamente”, sostuvo.
Y agregó: “También agradecerles porque todas trabajamos para eso, para que las más chicas llegaran a clubes. Yo tengo un montón de compañeras que se fueron también ahora, entonces, todas muy contentas”.
Desde Neuquén a La Boca, con la mochila cargada de sueños, esfuerzo y
una historia que recién empieza a escribirse en azul y oro.